Wednesday, 18 September 2013

Empapelo la pared


Algunos días empapelo la pared. Con corazones, mariposas, lunas, flores secas. Dibujos míos, dibujos de los chicos.
Son intentos, ganas, fuerza, añoranza cruda de abrazar a mi gordita.
Ay, Puchila, cuánto te tengo...
Y me agarra el egoismo. Porque por más cosas hermosas que leamos sobre como el verdadero amor no es egoista, y que si amas, sueltas. Que el amor es respeto y compañía. El amor de verdad no impone.
Es todo medio mentira.
Mi amor es grande, abarca todo. Impone mi deseo: porque yo, como preferir, preferiría tener a mi hija en brazos. Entiendo que ese no era su camino. Acepto y agradezco su pequeña enorme vida. Pero, mierda, yo la quiero acá, dormida en el fular, babeándome las tetas, su cabecita sobre mí.
Yo, yo, yo. Lo sé.
Su vida ha sido plena, entera, perfecta. Luna vivió la vida en el mejor lugar, calentita, amada.
Es mi vida la que queda coja. La que añora y extraña y duele.
Porque, Luna Williamson, yo te quería en mis brazos, en mi cama, en mi Libro de Familia y en el asiento portabebés de la bici.
Pero te quiero a vos. Y tu lugar no es en ningún portabebés. Tu lugar es dentro mío, dentro nuestro. Libre en el universo y acurrucada en nuestras almas.
Amar con egoísmo me resulta un perpetuo tira y afloje.
Pero, la verdad, si te tuviera calentita, rebozando de leche y mimos en el fular, no tendría ni tiempo para pintar con acuarelas. Qué gran périda, querida.

No comments:

Post a Comment